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Cómplices

Era 2003, una tarde de un domingo cualquiera, en la que como era costumbre, nos dirigíamos hacia un restaurante para comer en familia. Mi mamá, mi papá, mis dos hermanas y yo íbamos riendo y platicando en la camioneta; mi padre iba al volante. De repente, el automóvil de un oficial de tránsito que iba a atrás de nosotros, le indicó a mi papá que se detuviera. Mi mamá parecía desconcertada y asustada, pues no habíamos hecho nada malo “ay Dios, ¿por qué nos para?” exclamó asustada. A mis 8 años de edad, me parecía extraño que mi mamá reaccionara con miedo ante la acción de un polícia.  Nos orillamos y mi papá bajó la ventana de la camioneta. El oficial pidió su licencia y tarjeta de circulación – ¿Hay algún problema? - preguntó mi papá.  – Lo que pasa es que se pasó un semáforo en rojo señor y tengo que ponerle una multa– respondió el oficial de tránsito.  Mi mamá tenía una expresión de indignación; mis hermanas y yo solo veíamos la situación confundidas, pues todas éramos ...

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